El concepto del «Pecho Bueno» | ![]() |
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Finalmente, consideremos el término «pecho bueno». Externamente, el pecho bueno es aquel que, habiendo sido comido, espera ser reconstruido. Dicho de otro modo, resulta no ser nada más ni nada menos que la madre que sostiene la situación del modo que he descrito. En la medida en que el pecho bueno es un fenómeno interior (dando por sentado que el individuo haya alcanzado la posición depresiva) debemos aplicar nuestro principio de los tres agrupamientos a fin de comprender el concepto. Grupo A. No hay en este grupo lugar para el empleo del término «pecho bueno». En su lugar nos referimos a una experiencia arquetípica o a una experiencia instintiva satisfactoria. Grupo B. No hay aquí ningún pecho bueno reconocible va que, si es bueno, habría sido comido y esperamos que gozado. No habrá ningún material relacionado con el pecho y que pueda ser reconocido como tal. El niño a medida que se hace mayor abandona este material y elimina lo que no le es necesario o lo que percibe como malo. Grupo C. Aquí podemos aplicar por fin el término «pecho interior bueno». Los recuerdos de las buenas experiencias sostenedoras de la situación ayudan al niño a navegar con la marea durante los breves períodos en los que la madre falla; asimismo, aportan la base primero para el «objeto transicional» y luego para la conocida sucesión de sustitutos del pecho y de la madre. Quisiera añadir una advertencia en el sentido de que la introyección de un pecho bueno es a veces sumamente patológica, una organización de defensa. Entonces el pecho es un pecho (madre) idealizado y esta idealización indica una falta de esperanza con respecto al caos interior y a la crueldad del instinto. Un pecho bueno basado en unos recuerdos seleccionados o en la necesidad materna de ser buena aporta confianza. Semejante pecho idealizado e introyectado domina la escena v todo parece ir bien para el paciente. Pero no así para los amigos del paciente sin embargo, ya que semejante pecho bueno e introyectado debe ser proclamado y el paciente se convierte en abogado del «pecho bueno». Los analistas se encaran con este difícil problema: ¿debemos nosotros mismos ser reconocibles en nuestros pacientes? Siempre lo somos. Pero lo deploramos. Odiamos vernos convertidos en pechos buenos interiorizados, en los demás, y oír que nos proclaman aquellos cuyo propio caos interior se ve precariamente sostenido gracias a la introyección de un analista idealizado. ¿Qué es lo que queremos? Pues queremos que nos coman, no que nos introyecten mágicamente. No busquen masoquismo en ello. Ser comido es el deseo, mejor dicho, la necesidad de una madre durante una fase muy precoz del cuidado de su niño. Esto significa que quienquiera que no se vea atacado de modo canibalesco tiende a sentirse fuera de las actividades reparadoras y restitutivas de la gente, es decir, fuera de la sociedad. Si, y solamente si, hemos sido comidos, gastados, robados, podemos soportar en menor grado ser igualmente introyectados mágicamente y ser colocados en el depósito de reserva del mundo interior de alguien. En resumen, la posición depresiva, que puede estar en buen camino bajo condiciones favorables entre los seis y los nueve meses, con mucha frecuencia no se alcanza hasta que el sujeto se somete a análisis. Con respecto a las personas de tipo más esquizoide, así como a los internados en los hospitales psiquiátricos -personas que nunca han alcanzado una verdadera autoexpresión o personalidad-, la posición depresiva no es lo que importa; para ellas queda como algo semejante al color para los que padecen daltonismo. En contraste, para todo el grupo de maníacos depresivos, entre los que se incluye la mayoría de las personas llamadas normales, el tema de la posición depresiva en el desarrollo normal no puede soslayarse; es y sigue siendo el problema de 1a vida, salvo en la medida en que sea alcanzada. En las personas completamente sanas se da por sentada y es incorporada a la vida activa en sociedad. El niño, sano por haber alcanzado la posición depresiva, puede proseguir adelante para enfrentarse al problema del triángulo en las relaciones interpersonales, el clásico complejo de Edipo. Portada - Preguntas Frecuentes - Inscripción - Autoconocimiento - Psicologia - Mis Informes - Contáctenos
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