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Al enfrentarse con el estado anímico depresivo específicamente asociado con las angustias de la
posición depresiva, se produce la tristemente célebre huida de la depresión que llamamos defensa
maníaca. En la defensa maníaca se niega todo lo que es serio. La muerte se convierte en una
exageración de la vida, el silencio en ruido, no hay aflicción ni inquietud, ni trabajo constructivo ni
descanso placentero. Ésta es la formación de reacción relativa a la depresión, cuyo concepto es
necesario examinar por sí mismo. Clínicamente, su presencia implica que se ha alcanzado la
posición depresiva y que perdida ésta, antes que perderse, se mantiene latente aunque negada.
El diagnóstico más común en una clínica pediátrica es lo que yo solía llamar (en 1930, antes de
conocer las ideas de Klein) «inquietud angustiosa común»; se trata de un estado clínico cuyo rasgo
principal es la negación de la depresión. A veces, se pasa por alto la enfermedad de un niño porque
se esconde tras la rapidez y la inquietud o desasosiego propios de una vida joven. En su calidad de
enfermedad, el desasosiego angustioso común corresponde al estado hipomaníaco de los adultos,
que acarrea muchos y diversos trastornos psicosomáticos.
El desasosiego maníaco debe diferenciarse del desasosiego persecutorio y de la elación de la
manía.
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