Angustia depresiva | ![]() |
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Seguidamente debo describir una cuestión más completa. La experiencia instintiva da al pequeño dos tipos de angustia. El primero es el que ya he descrito: angustia acerca del objeto del amor instintivo. La madre no es la misma después que antes. Si queremos podemos recurrir a las palabras para describir lo que siente el pequeño y lo que dice: hay un agujero, donde antes había un cuerpo rico y completo. Hay otras muchas maneras de expresar esto, según la forma en que permitamos al niño tener unas cuantas semanas más y tener unas ideas más complejas. La otra angustia corresponde al propio interior del pequeño. Éste ha vivido una experiencia y no siente lo mismo que antes. Sería perfectamente legítimo comparar esto con el cambio para mejorar o empeorar que efectúa el adulto después de la experiencia sexual. Recuerden que en todo momento la madre está sosteniendo la situación. Ahora debemos estudiar detalladamente los fenómenos personales e interiores del pequeño. Sigamos utilizando la experiencia nutritiva (5). El niño absorbe alimento, que será bueno o malo según haya sido ingerido durante una experiencia instintiva satisfactoria o durante una experiencia complicada por la ira excesiva ante la frustración. Cierto grado de ira ante la frustración es, por supuesto, parte esencial hasta de la experiencia satisfactoria. Aquí simplificaré en extremo el fenómeno interior, pero más adelante volveré a realizar una valoración más fidedigna de la fantasía que se forja el pequeño acerca del interior del self, con sus fuerzas contrapuestas y sus sistemas de control. Podemos hablar de las ideas del pequeño acerca de su interior porque hemos postulado el hecho de que el pequeño ha alcanzado su estado de unidad; el niño ya se ha hecho una persona con una membrana limítrofe, con un interior y un exterior. Para nuestros fines presentes, este pequeño, después de ser alimentado, aparte de sentir aprensión en torno al agujero imaginario en el cuerpo de la madre, se ve también sumamente atrapado en la lucha que se desarrolla dentro de su self, lucha en la que contienden lo que es percibido como bueno, es decir, lo que es apoyo del self, y lo que se percibe como malo, es decir, lo que resulta persecutorio para el self. Se ha creado un complejo estado de cosas en el interior, y al niño sólo le cabe esperar el resultado, exactamente del mismo modo que, después de comer, hay que esperar el resultado de la digestión. Sin duda se produce una diferenciación silenciosa que se desarrolla a su propio ritmo. Totalmente aparte del control intelectual y con arreglo a los patrones personales que gradualmente se van desarrollando, los elementos de apoyo y persecutorios se interrelacionan hasta que se alcanza cierto equilibrio, como resultado del cual el pequeño retiene o elimina, de acuerdo con su necesidad interior. Junto con la eliminación, el pequeño una vez más adquiere cierto control, ya que la eliminación implica una vez más a las funciones corporales (6). Pero mientras en el proceso físico de la digestión vemos solamente la eliminación del material inservible, en el proceso imaginativo la eliminación posee un potencial bueno y malo a la vez. Premeditadamente no haré ninguna referencia a las experiencias anales y uretrales en tanto que tipos de satisfacción por derecho propio, ya que lo hago en otro lugar. En el presente contexto, las experiencias anales y uretrales constituyen la parte eliminativa del proceso ingestivo y digestivo global. Durante todo el tiempo la madre se halla sosteniendo la situación. Así, el día va avanzando, la digestión física y también la correspondiente preelaboración van teniendo lugar en la psique. Esta preelaboración lleva tiempo y lo único que puede hacer el pequeño es esperar el resultado rindiéndose pasivamente a todo cuanto sucede en el interior (7). En estado de salud, este mundo interior personal se convierte en el núcleo infinitamente rico del self. Al finalizar este día, en la vida de cualquier pequeño sano, a resultas del trabajo interior que haya hecho, puede ofrecer bondad y maldad. La madre coge lo bueno y lo malo y se la supone capaz de distinguir lo que se le ofrece de bueno y lo que se le ofrece de malo. He aquí el primer acto de dar, sin el cual no existe un verdadero acto de recibir. Todas estas cuestiones son muy prácticas en el cuidado cotidiano de niños y, a decir verdad, en el análisis. El niño que recibe la bendición de una madre que sobrevive, de una madre que sabe reconocer un gesto obsequioso cuando le es ofrecido, se halla ahora en condiciones de hacer algo con respecto al agujero antes citado, el que hay en el pecho o en el cuerpo de la madre y que ha sido hecho imaginativamente en el momento instintivo originario. Aquí podemos emplear las palabras “reparación” y “restitución”, palabras que tanto significan en el marco apropiado, pero que fácilmente quedan reducidas a meras fórmulas si se utilizan con demasiada desaprensión. El gesto obsequioso puede alcanzar el agujero si la madre desempeña su papel. Podrán ver por qué he insistido en la importancia de que la madre sostenga una situación en el tiempo. Ahora se ha organizado un círculo benigno. Entre las complicaciones podemos organizar las siguientes: Una relación entre el pequeño y la madre que se ve complicada por la experiencia instintiva. Una tenue percepción del efecto (el agujero). Una preelaboración interior: la clasificación de los resultados de la experiencia. Una capacidad para dar, debida a la clasificación de lo bueno y de lo malo que hay dentro. Reparación. El resultado del refuerzo que día tras día va recibiendo el círculo benigno estriba en que el pequeño se hace capaz de tolerar el agujero (el resultado del amor instintivo). He aquí, pues, el principio del sentimiento de culpabilidad. Ésta es la única culpabilidad verdadera, ya que la impuesta es falsa para el self. La culpabilidad empieza al unir a las dos madres, al unir el amor tranquilo y el excitado, el amor y el odio. Es un sentimiento que va creciendo gradualmente hasta convertirse en una fuente, sana y normal, de actividad en las relaciones. Se trata de una fuente de potencia y de aportación social, así como de ejecución artística (pero no del arte propiamente dicho, cuyas raíces se hallan a un nivel más profundo). La grandísima importancia de la posición depresiva es, por lo tanto, evidente, y la aportación kleiniana al psicoanálisis constituye en este aspecto una verdadera aportación a la sociedad, así como al cuidado y educación de los niños. El niño sano posee una fuente personal de sentimiento de culpabilidad y no es necesario enseñarle a sentirse culpable o inquieto. Por supuesto, cierto número de niños no gozan de este estado de salud, no han alcanzado la posición depresiva y es necesario enseñarles el sentido de lo que está bien y lo que está mal. Esto es el corolario de la primera afirmación. Pero, cuando menos en teoría, cada niño cuenta con el potencial para el desarrollo del sentimiento de culpabilidad. Clínicamente, vemos niños que carecen de tal sentimiento, pero no existe ningún niño humano que sea incapaz de encontrar un sentimiento personal de culpabilidad si se le da la oportunidad, antes de que sea demasiado tarde, para la consecución de la posición depresiva. En los casos límite vemos realmente cómo esto tiene lugar fuera del análisis; por ejemplo, en la observación de niños antisociales a los que se cuida en las escuelas para niños llamados «inadaptados». En el funcionamiento del círculo benigno, la inquietud se hace tolerable para el pequeño al darse éste cuenta gradualmente de que es posible hacer algo con respecto al agujero y de los diversos efectos del impulso del ello en el cuerpo de la madre. Así, el instinto se hace más libre y es posible correr más riesgos. Se genera una mayor cantidad de culpabilidad, pero asimismo se intensifica la experiencia instintiva con su elaboración imaginativa, de manera que se produce un mundo interior más rico, seguido a su vez por un mayor potencial de reparación. Esto lo vemos una y otra vez en el análisis, cuando se alcanza la posición depresiva en el marco de la transferencia. Vemos una expresión de amor seguida por la angustia en torno al analista y por temores hipocondríacos. O, si no, vemos, más positivamente, una liberación del instinto y un desarrollo que conduce a la riqueza de la personalidad, así como a un aumento en la potencia o en el potencial general para la aportación social. Parece ser que al cabo de un tiempo el individuo es capaz de edificar recuerdos de las experiencias que percibiera como buenas, de tal manera que la experiencia de la madre sosteniendo la situación pasa a formar parte del self, a ser asimilada en el yo. De esta manera, la madre real se va haciendo paulatinamente menos necesaria. El individuo adquiere un ambiente interior. De esta manera el pequeño es capaz de encontrar nuevas experiencias sostenedoras de la situación y con el tiempo puede hacerse cargo de la función de ser la persona que sostiene la situación en beneficio de otra persona, sin resentimiento. Son notables algunas de las cosas que surgen de este concepto del círculo benigno de la posición depresiva: 1. Cuando el círculo benigno se rompe, y la madre sostenedora de la situación deja de ser un hecho, entonces el proceso se deshace; al principio el resultado consiste en la inhibición de los instintos y en un empobrecimiento personal generalizado, luego también se pierde la capacidad para el sentimiento de culpabilidad. El sentimiento de culpabilidad puede ser recuperado, pero sólo por medio de la reinstauración de la existencia de una madre que sostiene la situación y es lo suficientemente buena. Sin sentimiento de culpabilidad el niño puede proseguir las satisfacciones sensuales de los instintos, pero pierde la capacidad para los sentimientos afectuosos. 2. Durante un largo tiempo el niño pequeño necesita de alguien que no sólo sea amado sino que además acepte la potencia (se trate de un chico o de una chica) en términos de un dar que sea reparativo y restitutivo. Dicho de otro modo, el niño pequeño debe seguir teniendo oportunidad de dar en relación con la culpabilidad propia de la experiencia instintiva, ya que ésta es la forma de crecer. Hay aquí dependencia de alto nivel, pero no se trata de la dependencia absoluta de las primeras fases. Este dar se expresa en los juegos, pero al principio los juegos constructivos requieren la presencia cercana de la persona amada, aparentemente implicada si no realmente apreciable en el verdadero logro constructivo del juego. Síntoma evidente de que no se comprende a los niños pequeños (o a los que necesitan una experiencia regresiva que les cure) es la costumbre de los adultos de dar sin más, sin ver la importancia que tiene el que reciban también. 3. Si los fenómenos interiores causan problemas, el niño (o el adulto) «se moja» en la totalidad del mundo interior y funciona a un bajo nivel de vitalidad. El estado anímico es de depresión. En mi descripción ésta es la primera vez que he establecido una relación íntima entre la palabra «depresión» y el concepto de posición depresiva. Las depresiones que surgen clínicamente ante el psiquiatra son, principalmente, no del tipo relacionado con la «posición depresiva», sino que están más asociadas con la despersonalización o la pérdida de esperanza en relación a las relaciones objetales; o con un sentimiento de futilidad resultante del desarrollo de un falso self. Estos fenómenos pertenecen al período anterior a la posición depresiva en el desarrollo individual. Portada - Preguntas Frecuentes - Inscripción - Autoconocimiento - Psicologia - Mis Informes - Contáctenos
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