La función del medio ambiente


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Nos hallamos examinando la psicología de la fase inmediatamente posterior a la consecución del estado unitario por parte del nuevo ser humano. Que quede entendido que deliberadamente omito todo cuanto precede a la consecución del citado estado. Sin embargo, quiero hacer la observación de que cuanto más se retrocede, más se ve que es cierto que no tiene sentido hablar del individuo sin postular al mismo tiempo una adaptación suficiente del medio a las necesidades del individuo. En la fase más precoz se llega incluso a la posición en la que sólo el observador es capaz de distinguir el individuo del medio (narcisismo primario); el individuo no quede hacerlo, por lo que es conveniente hablar de una organización medio-individuo más que de un individuo a secas. Una vez alcanzado el estado de unidad, el desarrollo ulterior sigue dependiendo de la estabilidad ;y sencillez segura del medio.

La madre tiene que ser capaz de combinar dos funciones y de persistir con ellas, de manera que el pequeño puede gozar de la oportunidad de utilizar este marco especializado. La madre se ha estado adaptando a las necesidades del pequeño mediante su técnica para el cuidado del mismo (véase A. Freud, 1953), y el pequeño ha llegado a identificar esta técnica con la madre, como parte de ella, al igual que su rostro, su oreja, el collar que lleva al cuello y sus actitudes variables (que son afectadas por la prisa, la pereza, la angustia, la preocupación, la excitación, etc.). La madre ha sido amada por el pequeño como la persona que incorpora todo esto. Aquí podemos hablar del afecto o cariño, y son estas cualidades de la madre las que son incorporadas en el objeto que tantos niños manosean y abrazan.

Al mismo tiempo, la madre ha recibido una serie de asaltos durante las fases de tensión instintiva. Como se verá, hago una distinción en las funciones de la madre según el bebé esté quieto o excitado. La madre tiene dos funciones que corresponden a los estados de tranquilidad y de excitación del pequeño.

Al final todo queda dispuesto para que en la mente del pequeño se junten estas dos funciones de la madre. Es precisamente aquí donde cabe que surjan grandes dificultades. Melanie Klein las estudió en sus trabajos, que en ningún otro campo fueron tan ricos y productivos. El bebé humano no puede aceptar que su madre, tan valorada en las fases de tranquilidad, sea la misma persona que será y ha sido cruelmente atacada en las fases de excitación. El pequeño, al ser una persona completa, es capaz de identificarse con la madre, pero para él todavía no hay una clara distinción entre lo que se pretende y lo que realmente sucede. Las funciones y sus elaboraciones imaginativas todavía no están claramente separadas en hechos y fantasías. Resulta pasmoso ver lo que debe hacer el bebé más o menos en esta época. Veamos qué sucede si la madre «tranquila» sostiene la situación a tiempo, de manera que el bebé puede experimentar relaciones «excitadas» y enfrentarse a sus consecuencias.

Hablando del modo más sencillo posible, el bebé excitado, que a duras penas sabe lo que está sucediendo, se deja llevar por los crudos instintos e ideas que corresponden a los mismos. (Debemos dar por sentado que se le ha alimentado satisfactoriamente, o bien que ha vivido otra experiencia instintiva igualmente satisfactoria.)

Llega el momento en que el pequeño debe ver que la misma madre ofrece dos posibilidades de uso completamente distintas. Ha surgido un nuevo tipo de necesidad basado en el impulso y en la tensión instintiva, una necesidad que busca alivio y que entraña un punto culminante u orgasmo. Allí donde exista una experiencia orgásmica debe existir necesariamente un aumento del dolor ante la frustración. Tan pronto como la excitación haya empezado y la tensión haya subido, el riesgo habrá hecho su aparición.

Pienso que tenemos que hacernos cargo de que es mucho lo que hay que experimentar antes de alcanzar el pleno significado de lo que esto implica (3).

Como he dicho, son dos las cosas que suceden. Una consiste en la percepción de la identidad de los dos objetos: la madre de las fases tranquilas y la madre utilizada e incluso atacada en el clímax instintivo. La otra estriba en el comienzo del reconocimiento de la existencia de ideas, fantasía, elaboración imaginativa de la función, la aceptación de ideas y de fantasías relacionadas con hechos pero que no deben confundirse con éstos.

Tal progresión compleja del desarrollo emocional del individuo no es posible sin la ayuda de un medio ambiente suficientemente bueno, representado aquí por la supervivencia de la madre. Hasta que el niño haya recogido material mnémico no habrá lugar para la desaparición de la madre (4). Según yo la veo, la teoría de Klein postula que el individuo humano no puede aceptar el crudo hecho de la relación excitada o instintiva, incluso el asalto a ella, con la madre «tranquila». La integración, en la mente del pequeño, de la escisión de ambos medios, el de los cuidados y el excitante (es decir, los dos aspectos de la madre) no puede hacerse salvo por medio de una maternalización suficiente y la supervivencia de la madre durante un período de tiempo.

Pensemos ahora en un día en que, con la madre a cargo de la situación, el bebé, en algún momento del día, ha vivido una experiencia instintiva. En beneficio de la sencillez, daré por sentado que tal experiencia es la de la nutrición, toda vez que en realidad ésta es la base de toda la cuestión. Se produce un ataque cruel y de índole caníbal que se manifiesta parcialmente en el comportamiento físico del bebé y que en parte corresponde a la elaboración imaginativa que de la función física hace el propio bebé. Éste ata cabos y empieza a ver que la respuesta es una y no dos. La madre de la relación dependiente (anaclítica) es, asimismo, el objeto del amor instintivo (biológicamente impulsado).

El bebé se siente engañado por la misma nutrición; la tensión instintiva desaparece y el bebé se siente a la vez satisfecho y engañado. Con demasiada facilidad se cree que al ser alimentado el pequeño se siente satisfecho y con ganas de dormir. A menudo el engaño va seguido por la aflicción, especialmente si la satisfacción física despoja al niño de su gusto con demasiada rapidez. Entonces el pequeño se queda con lo siguiente: una agresión no liberada debido a que en el proceso nutritivo no se empleó suficiente erotismo muscular o impulso primitivo (o movilidad); o con un sentimiento de «fracaso» al haber desaparecido súbitamente una fuente del gusto por la vida, sin que el pequeño sepa si va a volver. Todo esto aparece claramente en la experiencia clínica analítica y cuando menos, no se contradice con la observación directa de niños.

Sin embargo, no podemos afrontar demasiadas complicaciones simultáneamente. Demos por sentado que el bebé experimentó una descarga instintiva. La madre sostiene la situación y el día sigue su curso, y el niño se da cuenta de que la madre «tranquila» no sólo participó en la experiencia instintiva sino que también sobrevivió a ella. Esto se repite un día tras otro y a la larga hace que el niño se dé cuenta de la diferencia entre la realidad y la fantasía, o entre la realidad externa y la interna.








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