La posición depresiva en el
desarrollo emocional normal (1954)


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Escrito leído ante la Sociedad Psicológica Británica,
Sección Médica, febrero de 1954, Brit. J. Med. Psychol., vol. XXVIII, 1955.

Esto es un intento de dar una visión personal del concepto de Melanie Klein de la posición depresiva. Para ser justo con Klein, deseo decir que no fui analizado por ella ni conocí a nadie que lo fuese. Me sentí atraído al estudio de su obra por el valor que la misma tenía en mi labor con niños y recibí su enseñanza de ella entre 1935 y 1940 en la supervisión de casos. La versión de la propia Melanie Klein se hallará en sus escritos (1935, 1940).

La palabra «normal» que aparece en el título es importante. El complejo de Edipo caracteriza al desarrollo sano o normal de los niños, y la posición depresiva constituye una fase normal del desarrollo de los niños sanos (y lo mismo sucede con la dependencia absoluta, o narcisismo primario, que es una fase normal del niño sano en el comienzo o cerca del comienzo de la vida). Lo que pondré de relieve es la posición depresiva en el desarrollo emocional en lo que tiene de logro positivo.

Uno de los rasgos de la posición depresiva estriba en que es aplicable a una zona de la psiquiatría clínica que se encuentra a medio camino entre el lugar de origen de la psiconeurosis y el de la psicosis.

El niño (o el adulto) que haya alcanzado la capacidad para las relaciones interpersonales que caracteriza la salud del pequeño, y para el cual sea posible el análisis corriente de las infinitas variaciones de las relaciones humanas triangulares, habrá pasado y superado la posición depresiva. Por el contrario, el niño (o el adulto) que se preocupe principalmente por los problemas innatos de la integración de la responsabilidad así como con la iniciación de una relación con el medio, todavía no habrá llegado a la posición depresiva de su desarrollo personal.

Hablando en términos de medio, el niño que da los primeros pasos se encuentra inserto en una situación familiar, viviendo una vida instintiva dentro del marco de las relaciones interpersonales. El bebé, por su parte, es sostenido por una madre que se adapta a las necesidades del yo. Entre uno y otro se halla el niño pequeño que está llegando a la posición depresiva. Este niño pequeño es sostenido por la madre, la cual seguirá sosteniéndole durante una fase de su vida. Se observará que el factor tiempo acaba de entrar en escena. La madre sostiene la situación de tal manera que el pequeño tenga oportunidad de preelaborar las consecuencias de las experiencias instintivas; como veremos, la preelaboración es comparable desde todo punto de vista con el proceso digestivo y es comparablemente compleja.

La madre sostiene la situación, y lo hace una y otra vez, en un crítico período de la vida del pequeño. La consecuencia es que es posible hacer algo sobre algo. La técnica de la madre permite al pequeño resolver el amor y el odio que en él coexisten, interrelacionarlos y someterlos gradualmente a un control procedente de dentro de una forma sana.

Piensen en un niño a la edad del destete. El momento en que el destete se lleva a cabo varía según el patrón cultural, pero para mí la edad del destete es aquella en la que el pequeño empieza a ser capaz de jugar a dejar caer cosas. El juego de dejar caer cosas empieza en algún momento situado cerca de los cinco meses, constituyendo un rasgo regular hasta el año o año y medio de edad. Así, pues, pensemos en un niño pequeño que haya desarrollado el arte de dejar caer cosas, digamos a los diecinueve meses de edad (véase Freud, 1920, y también el capítulo 2 de la segunda parte). La posición depresiva constituye un logro perteneciente a la edad del destete. Si todo marcha bien, la posición depresiva se alcanza y se instaura cerca de la segunda mitad del primer año. A menudo tarda mucho más en instaurarse, incluso dentro de un desarrollo más o menos sano. Sabemos también que en muchos niños y adultos sometidos a análisis, el acercamiento a la posición depresiva constituye un rasgo importante del análisis, un rasgo que indica progreso y al mismo tiempo entraña un fallo anterior en esta fase del desarrollo. No hace falta determinar una edad concreta. Tal vez haya niños que alcancen la posición depresiva antes de los seis meses, o quizás antes incluso. Semejante logro sería un indicio favorable, pero no implicaría la instauración de dicha posición. Si me encuentro con un analista que tiene demasiadas pretensiones acerca de la posición depresiva en el desarrollo propio de los primeros seis meses, me siento inclinado a comentar que es una lástima echar a perder un concepto tan valioso sólo porque sea difícil creer en él.

El motivo por el cual no busco esta fase durante los primeros seis meses no estriba en que piense que la primera infancia transcurre sin incidentes. ¡Lejos de ello! Es mucho lo que depende del mismísimo comienzo, incluso de antes del nacimiento; pero dudo que sea algo de tanta complejidad como la de la posición depresiva, como por ejemplo la retención de una angustia y una esperanza durante un período de tiempo. Sin embargo, si se llega a demostrar que el bebé puede alcanzar la posición depresiva durante la primera semana de vida, no me inquietaré por ello. Mientras tanto, la posición depresiva sigue siendo algo que corresponde a los seis primeros meses o al primer año y que constituye una creciente prueba del desarrollo personal, desarrollo que depende de un medio ambiente sensible y continuado.

Nos es posible enunciar las condiciones previas para el logro de la posición depresiva. Tenemos mucha experiencia práctica a la que recurrir debido a las veces que hemos visto cómo los pacientes, de todas las edades, alcanzan esta fase del desarrollo emocional bajo las condiciones de un análisis que va por buen camino. Para poder llegar a la posición depresiva es necesario haber superado las primeras fases, ya sea en la vida real, ya en el análisis, o en ambos. Para alcanzar dicha posición el bebé debe estar ya instaurado en calidad de persona completa relacionada con otras personas completas. En este contexto cuento con el pecho como persona completa, ya que, a medida que el bebé va convirtiéndose en persona completa, percibe como tal el pecho de la madre, su cuerpo, etc.

Si damos por sentado todo lo que haya sucedido antes, podemos decir, al hablar de un bebé completo que se relaciona con una madre completa, que el camino ya está preparado para la consecución de la posición depresiva. En el caso de que no sea posible dar por sentados estos factores, entonces nada de lo que pueda decir acerca de la posición depresiva tendrá valor. El niño se las arregla sin ella, como hacen muchos. De hecho, en los tipos esquizoides a veces la posición depresiva no es significativa, por lo que es necesario recurrir a la explotación de la recreación a falta de lo que se denomina «reparación y restitución». Sé de analistas que buscaban la posición depresiva en pacientes que carecían de las condiciones previas. Es, por supuesto, bastante patético ser testigo de un fracaso; y la conclusión resultante en el sentido de que la posición depresiva es un falso concepto no resulta demasiado convincente. A la inversa, hay analistas que tratan de demostrar la posición depresiva cuando no es esto lo principal en el análisis de pacientes que ya la han alcanzado al lograr su condición unitaria en la infancia.

Si en el desarrollo de un bebé podemos dar por sentado que éste se siente persona completa, también podemos dar por sentado que el bebé vive en el cuerpo. Este detalle es importante, pero no puedo desarrollar el tema aquí.

Así, pues, aquí tenemos una persona, un bebé humano completo, y una madre que sostiene la situación y permite al niño preelaborar ciertos procesos que describiré posteriormente. Primero, sin embargo, debo hacer algunas observaciones acerca del término «posición depresiva». El término «posición depresiva» no es adecuado para un proceso normal, pero nadie ha sido capaz de inventar uno mejor. Mi propia sugerencia consiste en que debería denominarse la fase de la inquietud, pues creo que el término explica fácilmente el concepto. La misma Melanie Klein utiliza la palabra «inquietud» en sus propias descripciones. No obstante, este término descriptivo no abarca la totalidad del concepto, por lo que me temo que el nombre original seguirá vigente. A menudo se ha señalado que para la descripción de un proceso normal no debería emplearse un término que entraña enfermedad. El término posición depresiva parece implicar que los niños sanos pasan por una etapa de depresión o enfermedad anímica. De hecho no es esto lo que se quiere decir.

Cuando Spitz (1946) descubre y describe la depresión en niños que se ven privados de los buenos cuidados de costumbre, tiene razón al decir que esto no es un ejemplo de la posición depresiva; en realidad no tiene nada que ver con ella. Los bebés descritos por Spitz están despersonalizados y se sienten impotentes acerca de los contactos externos Y en esencia carecen de las condiciones previas para el logro de la posición depresiva.

El concepto de posición depresiva dentro del desarrollo normal no implica que los niños se depriman normalmente. La depresión, por muy común que sea, es un síntoma de enfermedad e indica un estado anímico y entraña unos complejos que podrían hacerse inconscientes. Los procesos inconscientes tienen que ver con los sentimientos de culpabilidad y éstos corresponden al elemento destructivo inherente al amor. La depresión, en tanto que trastorno afectivo, no es inanalizable ni un fenómeno normal.

Entonces, ¿qué es esto que llamamos «posición depresiva»? Existe una forma útil de enfocar el problema que empieza con la palabra «cruel». Al principio, el pequeño es cruel (desde nuestro punto de vista); carece todavía de la inquietud acerca de los resultados del amor instintivo (2). Originariamente, este amor es una forma de impulso, de gesto, de contacto, de relación, y produce en el pequeño la satisfacción de la autoexpresión, liberándole de la tensión instintiva; es más, hace que el objeto se coloque fuera del ser.

Hay que tener presente que el pequeño no se siente cruel, pero al mirar hacia atrás (cosa que sucede en las regresiones) el individuo puede decir: «¡Qué cruel era entonces!». Se trata de una fase de precompasión.

En un momento u otro del desarrollo de todo ser humano normal se pasa de la precompasión a la compasión. Nadie lo pone en duda. Lo único que cabe preguntarse es cuándo, cómo y en qué condiciones sucede esto. El concepto de la posición depresiva constituye un intento de contestar a estas tres preguntas. De acuerdo con este concepto, el paso de la crueldad a la compasión se produce gradualmente, bajo ciertas condiciones definidas de maternalización, durante el período comprendido entre los cinco y los doce meses, y su instauración no es necesariamente definitiva hasta una fecha muy posterior. Además, en el análisis es posible comprobar que el citado cambio no se ha producido jamás.

La posición depresiva, pues, es una cuestión compleja, un elemento inherente a un fenómeno no controvertible: el de que cada individuo surge de la precompasión para meterse en la compasión o inquietud.






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