Desasosiego común debido a la angustia | ![]() |
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El desasosiego común no tiene ninguna base física, ninguna relación con la corea y, por consiguiente, con la afección cardíaca de tipo reumático, y por lo general lo mejor es no aplicarle ningún tratamiento y, en la medida de lo posible, no hacerle caso. Normalmente, este desasosiego común no se presenta como una novedad, sino que es, por decirlo así, parte integrante de la naturaleza del niño o niña. Por esta razón, recurriendo sólo a su historial, es posible distinguirlo de la corea. A veces su comienzo sigue a algún acontecimiento tan excitante o ansiógeno que el pequeño se vio incapaz de asimilarlo. Es decir, la idea subyacente bajo el hecho produjo unos sentimientos que el pequeño encontró intolerables. Tal acontecimiento o incidente puede resultar demasiado súbito o inesperado (por ejemplo, cuando de improviso un fuerte soplo de viento abre las ventanas o cierra las puertas de golpe, produciéndose una gran confusión); también puede suceder que una gran sensación de temor o rabia se vea suscitada por determinado incidente, como puede ser el enterarse sin querer de algo sobre la sexualidad, ver a los padres juntos en la cama, presenciar una discusión entre personas mayores, el nacimiento de un hermano o hermana, la visión de un hombre con una pierna paralizada, descubrir que alguien lleva una dentadura postiza, etc. (La corea también puede empezar después de producirse algún incidente semejante que genere angustia, o después de un gran esfuerzo mental, en época de exámenes, por ejemplo.) Los niños presos de excitación y desasosiego sienten la necesidad imperiosa de hacer algo en todo momento, o bien de ir a alguna parte. La excitación conduce inmediatamente a un aumento del desasosiego (al igual que sucede en el caso de la corea). Mientras que los movimientos corcicos se adueñan del pequeño, los del niño preso de angustia forman parte de su esfuerzo para dominar dicho sentimiento. El niño constituye «un quebradero de cabeza», está desasosegado, comete alguna diablura si durante un momento no tiene otra cosa que hacer y se comporta de forma imposible en la mesa, ya sea comiendo como si alguien fuese a arrebatarle la comida, o mostrando una gran propensión a volcar los vasos, etc., hasta el punto de que todo el mundo se siente aliviado cuando pide permiso para retirarse. Existen variaciones para todos los gustos: hay niños que, insoportables en casa, en la escuela valen su peso en oro; otros acuden al médico enviados por el maestro, quien lo cree aquejado de corea, mientras que los padres no se han percatado, de ninguna anormalidad. En estos casos, la angustia es la condición oculta, y por lo general suele haber otras pruebas de que es así. Entre los demás síntomas, el más corriente es el aumento de la urgencia y frecuencia de la micción. También la defecación puede adquirir un carácter más apremiante, con o sin cólico; o bien cabe que se produzcan fuertes cólicos sin más, que causen palidez y postración que, no obstante, desaparecen en seguida. El sueño suele ser inquieto. Puede ser que también se observe una aparente falta de necesidad de dormir, de tal manera que el pequeño es el último en acostarse y el primero en levantarse por la mañana. El sueño puede verse trastornado por terrores nocturnos, aunque esto no es tan característico de los niños “excitables” como lo es de los que son “nerviosos”, ya que estos niños son superexcitables más que nerviosos ante la gente, los objetos, la oscuridad, la soledad, etcétera. Por supuesto, a menudo ambas cosas se entremezclan. Un niño de éstos hace amigos, se pasa todo el día jugando como un loco y a menudo es feliz, si bien se muestra irritable cuando se le restringen las actividades. Al hacer esta descripción uno se acuerda de muchísimos niños entre los cinco y los diez años, que son delgados y nervudos, impacientes y de mente despierta. Portada - Preguntas Frecuentes - Inscripción - Autoconocimiento - Psicologia - Mis Informes - Contáctenos
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